El Madrid es, sencillamente, increíble. Para bien o para mal. Sus partidos no son normales. Cada encuentro es una locura total. Si viene de remontar de forma agónica ante el Villarreal, ante Las Palmas acabó por ser el surrealismo total.
Con 10 jugadores (expulsión de Bale) empató un partido más que perdido, sacó un punto que le hace perder el liderato pero que le da más vida de la que tenía en el minuto 85. Antes había habido un penalti tonto de Ramos y tres goles anulados a los blancos, los tres a Morata. [Narración y estadísticas: Real Madrid 3-3 Las Palmas]
A falta de cinco minutos, el Madrid estaba en la ruina. Perdía 1-3 y no había manera de resucitar. Llevaba 45 minutos con un jugador menos, porque Bale recordó a Pepe con Casquero. Dio una patada peligrosísima sin sentido a Jonathan Viera y después le empujó. Roja y a la caseta. En ese momento iban 1-1 (goles de Isco en el minuto 8 y de Tana en el 10').
Tras quedarse con 10, el Madrid se autodestruyó y entró en coma. A un disparo cruzado, Ramos se creyó Keylor Navas e hizo un paradón de época. Fernández Borbalán le vio y penalti. Lo anotó Viera.
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Pero por si eso fuera poco, un pelotazo de Viera desde su propio área sacó todas las miserias de la defensa del Madrid. Boateng corrió desde su campo y se quedó solo, corriendo Marcelo por detrás como el que sabe que nunca llegará. Keylor, nervioso, salió antes de tiempo y acabó regalando el gol al delantero de Las Palmas. Era el 1-3 y el Bernabéu se incendiaba. La Liga también.